«El petróleo es poder.» – Juan Pablo Pérez Alfonzo, padre intelectual de la OPEP.
A propósito de la reciente captura de Nicolás Maduro este pasado 3 de Enero, vuelve a ponerse en primer plano una pregunta clave que lleva más de un siglo marcando la relación entre Venezuela y Estados Unidos: el petróleo.
Lejos de ser un conflicto repentino o meramente ideológico, la tensión entre ambos países tiene raíces profundas en la historia de la industria petrolera venezolana, en las inversiones estadounidenses y en las expropiaciones de empresas extranjeras impulsadas por Hugo Chávez a partir de los años 2000.
A continuación te cuento cómo se construyó esa relación, cuál fue su evolución y la verdad detrás de la actual postura de Washington.
El origen: petróleo y capital extranjero.
El petróleo venezolano comenzó a explotarse a gran escala a inicios del siglo XX, especialmente tras el descubrimiento del pozo Zumaque I en 1914. Con una producción inicial de unos 264 barriles diarios, transformó la economía venezolana, siendo un hito crucial en la historia petrolera nacional y mundial. En ese momento, Venezuela no contaba con la tecnología ni el capital necesarios para desarrollar la industria, por lo que empresas extranjeras, principalmente estadounidenses y europeas, asumieron ese papel.
Compañías vinculadas a Standard Oil y Gulf Oil invirtieron durante décadas en exploración, refinerías, oleoductos y puertos. A cambio, el Estado venezolano recibía impuestos y regalías, mientras que Estados Unidos aseguraba un suministro energético estable y cercano.

El pozo Zumaque I en 1914 marcó el inicio de la producción comercial de petróleo en Venezuela, específicamente el 31 de Julio de 1914 en Mene Grande, Zulia, perforado por Caribbean Petroleum Company.
Durante buena parte del siglo XX, esta relación fue mutuamente beneficiosa y convirtió a Venezuela en uno de los principales proveedores de petróleo del mercado estadounidense.
Nacionalización sin ruptura: el nacimiento de PDVSA.
En 1976, Venezuela nacionalizó su industria petrolera y creó PDVSA. Sin embargo, esta nacionalización no implicó una ruptura con las empresas extranjeras. El proceso fue negociado, con compensaciones económicas, y muchas compañías continuaron participando como socias, proveedoras de servicios o tecnológicas.
PDVSA se consolidó como una de las petroleras estatales más eficientes del mundo y mantuvo una relación estrecha con Estados Unidos. Un símbolo de ello fue CITGO, filial venezolana con refinerías en suelo estadounidense, clave para procesar el crudo pesado venezolano.
Hasta finales de los años noventa, el petróleo seguía siendo un puente estratégico entre ambos países.
Hugo Chávez y la ruptura del modelo.
La llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 marcó un cambio profundo. El petróleo pasó a ser el eje central de su proyecto político y de su discurso de soberanía nacional.

Hugo Chávez durante una emisión de «Aló Presidente» en Febrero de 2010, cuando ordenó en vivo la expropiación de edificios en el centro de Caracas, dando origen al infame «¡exprópiese!», símbolo de su política de nacionalizaciones.
Entre 2005 y 2007, el gobierno impulsó una serie de expropiaciones y renegociaciones forzadas de contratos petroleros. Varias empresas extranjeras, incluidas estadounidenses, perdieron el control de proyectos estratégicos o fueron obligadas a aceptar condiciones desfavorables. En algunos casos, las compensaciones fueron consideradas insuficientes o directamente inexistentes.
Para el chavismo, estas medidas representaban la recuperación de la soberanía. Para las empresas y para Estados Unidos, significaron la confiscación de inversiones realizadas durante décadas. Aquí se produce la ruptura definitiva de la relación petrolera tradicional.
Demandas internacionales y activos en disputa.
Tras las expropiaciones, varias empresas estadounidenses iniciaron demandas ante tribunales internacionales. En numerosos casos, los fallos reconocieron indemnizaciones millonarias a favor de las compañías afectadas.
El problema fue que el Estado venezolano no cumplió con gran parte de esos pagos. Con el tiempo, esto derivó en embargos de activos venezolanos en el extranjero, litigios prolongados y disputas sobre CITGO, uno de los activos más valiosos de Venezuela fuera del país.
Desde la óptica estadounidense, estos activos se convirtieron en una forma legítima de cobrar deudas pendientes.

Citgo fue una subsidiaria crucial y propiedad de PDVSA, pero la inestabilidad en Venezuela ha transformado su relación; es el activo petrolero clave en la caída de Maduro.
¿Por qué Trump habla de “reclamar lo nuestro”?
Cuando Donald Trump habla de “reclamar lo que es nuestro” en relación con Venezuela, lo hace desde una lógica económica y legal, más que ideológica. Su discurso se apoya en tres pilares claros:
*inversiones estadounidenses expropiadas,
*sentencias internacionales incumplidas,
*activos estratégicos en disputa.
Desde esta visión, no se trata solo de petróleo, sino de derechos económicos vulnerados. Trump representa una postura más directa y confrontacional: si no hubo negociación ni compensación, el reclamo se traslada al terreno de la presión política y económica.
El petróleo como núcleo del conflicto actual.
El petróleo venezolano no es solo un recurso natural: es influencia y control geopolítico. La relación con Estados Unidos se quebró cuando se rompieron las reglas que habían sostenido el sistema durante décadas, es decir, cuando se dejaron de lado la seguridad jurídica, las compensaciones y los acuerdos.
La reciente captura de Maduro reactiva este debate porque vuelve a poner sobre la mesa qué pasará con los activos, las deudas y el control del petróleo venezolano. El conflicto no es nuevo, pero sus consecuencias siguen abiertas. De la cooperación inicial a la nacionalización negociada, y de ahí a las expropiaciones y los litigios internacionales, el petróleo ha sido siempre el eje central.

Imagen de Caracas bombardeada en puntos estratégicos, y una imagen de Maduro ya capturado publicada por Trump, en donde se ve al ex presidente venezolano rumbo Estados Unidos, donde será juzgado por narcotráfico y terrorismo.
Y hasta aquí este recorrido petrolero y el contexto que rodea la reciente captura de Nicolás Maduro, un relato marcado por intereses estratégicos, decisiones políticas y un recurso que nunca fue solo económico, sino también una herramienta de poder. Entender estos precedentes permite leer el presente con mayor claridad y comprender por qué este episodio no es un hecho aislado, sino un momento histórico que se inscribe en una relación compleja y aún incierta.
Sin más que añadir, cuídense mucho, gracias por leerme, gracias por estar ahí, y… ¡hasta la próxima!
