¿Fracking, HAARP o tectónica? Las teorías detrás del doblete sísmico en Venezuela.

«Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.» – Carl Sagan.

Desde el doblete sísmico ocurrido en Venezuela el 24 de Junio de 2026, las redes sociales se han llenado de preguntas, sospechas y explicaciones sobre su posible origen.

Muchas apuntan a Morón, a la actividad petrolera, al fracking o incluso al HAARP. Aunque un terremoto es, ante todo, un fenómeno geológico, estas ideas también involucran temas relacionados con la química: fluidos, procesos petroquímicos y actividad energética.

¿Puede el fracking influir en un sismo? ¿Qué se hace realmente en Morón? ¿Y por qué HAARP vuelve a aparecer en estas conversaciones?

En este artículo revisamos qué se sabe, qué tiene base científica y qué sigue siendo solo una teoría.

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Doble terremoto en Venezuela: lo que falla antes del colapso…

«Una onza de prevención vale más que una libra de cura.» – Benjamin Franklin.

El 24 de Junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos terremotos fuertes y diferenciados. Primero ocurrió un sismo de magnitud 7,2 y, 39 segundos después, un segundo terremoto de magnitud 7,5.

Al conocer la noticia, me vino inevitablemente a la memoria la tragedia de Vargas de 1999. No porque ambos hechos respondan al mismo fenómeno (no lo hacen), sino porque ambos obligan a mirar un territorio cuya vulnerabilidad era conocida.

Para quienes mantenemos vínculos afectivos con Venezuela, esto no se reduce a cifras ni a imágenes de edificios derrumbados. Es una tragedia que se vive con tristeza, preocupación, impotencia y muchas preguntas.

Este artículo no pretende convertir esa experiencia en una explicación fría, sino comprender qué ocurre cuando la Tierra libera energía, cómo responden los materiales y por qué la prevención sigue siendo una cuestión científica, humana e institucional.

A continuación, abordamos esta tragedia desde la relación entre la química, el territorio, las infraestructuras y la prevención, con el máximo respeto por las víctimas, sus familias y todas las comunidades afectadas.

La dimensión de las magnitudes.

La magnitud sísmica no funciona de forma lineal. Una diferencia de 0,3 puede parecer pequeña, pero equivale aproximadamente a 2,8 veces más energía liberada.

Por eso, el terremoto de 7,5 no fue solo “un poco más fuerte” que el de 7,2: liberó cerca de 2,8 veces más energía. Considerados en conjunto, ambos eventos liberaron aproximadamente 3,8 veces la energía de un único terremoto de magnitud 7,2.

Para hacerlo un poco más gráfico, el terremoto de Haití de 2021 fue también de magnitud 7,2; por tanto, el segundo sismo venezolano liberó alrededor de 2,8 veces su energía. Y, tomando como referencia la magnitud 6,3 citada por un estudio histórico del USGS para el terremoto de Caracas de 1967, el evento de 7,5 representó aproximadamente 63 veces más energía.

Estas comparaciones sirven para dimensionar lo ocurrido, pero no explican por sí solas los derrumbes. También influyen la profundidad, la distancia, la duración del movimiento, el suelo y el estado real de las edificaciones.

Y es precisamente ahí donde conviene detenerse: en lo que una estructura puede arrastrar antes de enfrentarse a un terremoto y en los procesos, muchas veces invisibles, que condicionan su capacidad de resistir..

La química de lo que se agrieta.

El hormigón armado combina cemento, agua, arena, grava y acero. En buenas condiciones, su medio altamente alcalino protege las barras de acero internas. Sin embargo, con los años, el dióxido de carbono puede penetrar en sus poros y reaccionar con el hidróxido de calcio:

CO₂ + Ca(OH)₂ → CaCO₃ + H₂O

Este proceso, llamado carbonatación, reduce la alcalinidad del hormigón y debilita la protección química del acero.

Este punto adquiere especial relevancia en La Guaira, una zona costera y una de las más afectadas. La humedad y las sales presentes en el aire marino añaden otro riesgo: los cloruros pueden penetrar en el hormigón, alterar la protección del acero y favorecer la corrosión de las armaduras.

Cuando el acero se corroe, pierde sección; además, el óxido ocupa más volumen y ejerce presión desde dentro. El resultado puede ser grietas, desprendimientos y una menor capacidad resistente.

El calor, por sí solo, no explica un colapso. Pero las temperaturas elevadas y los cambios térmicos hacen que los materiales se dilaten y contraigan. Si ya existen fisuras o juntas deterioradas, esos ciclos pueden facilitar la entrada de agua, dióxido de carbono y sales; además, la combinación de calor y humedad puede acelerar la corrosión una vez que las armaduras quedan expuestas.

Por eso, una fisura visible no siempre nace el día del terremoto. Puede ser la manifestación final de un deterioro silencioso que llevaba años avanzando.

Una estructura sismorresistente no está diseñada para permanecer inmóvil: está diseñada para moverse sin colapsar. Debe deformarse de forma controlada y distribuir la energía del sismo sin fallas súbitas. Pero ese diseño necesita materiales durables, inspecciones y mantenimiento continuado.

El agua, el suelo y la memoria de Vargas.

La tragedia de Vargas de 1999 no fue un terremoto. Fue una catástrofe desencadenada por lluvias extremas, deslizamientos, inundaciones y grandes flujos de detritos que descendieron por las laderas hacia las comunidades costeras, dejando un desolador panorama, tal y como se observa en la siguiente foto cortesía de Getty Images:

También aquí la química (y, más ampliamente, la físicoquímica del suelo) ayuda a comprender lo ocurrido. Cuando el agua se infiltra, aumenta la presión en los poros del terreno y reduce la resistencia entre sus partículas. En laderas ya pronunciadas, esa pérdida de estabilidad puede favorecer deslizamientos.

La mezcla de agua, arcillas, limos, rocas y materia arrastrada puede convertirse en un flujo capaz de transportar bloques enormes y destruir infraestructuras a su paso.

OJO: No es que el deslave de Vargas y el doble terremoto de 2026 son «lo mismo». Pero ambos recuerdan que, en un territorio de pendientes, quebradas, suelos complejos y una franja costera densamente ocupada, el agua, el suelo y los materiales deben formar parte de cualquier política de prevención.

La misma Tierra, vulnerabilidades distintas.

En esas mismas horas también se registraron otros terremotos: uno de magnitud 5,6 en el norte de California, cerca de Redwood Valley, y otro de magnitud 6,9 frente a la costa noreste de Japón, en la zona de Iwate. El primero dejó cortes eléctricos y daños menores; el segundo activó revisiones e interrupciones preventivas, sin daños graves reportados inicialmente.

No son eventos idénticos: variaron la magnitud, la profundidad, la distancia a las zonas habitadas, el suelo y las condiciones locales. Pero el contraste sigue siendo incómodo: la tragedia no la produce únicamente el terremoto; también la producen las vulnerabilidades acumuladas.

En La Guaira, esa reflexión resulta inevitable. Entre las edificaciones afectadas se encuentran al menos dos urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela en Playa Grande: Ciudad Hugo Chávez Frías y Luisa Cáceres de Arismendi, construidos después de la tragedia de Vargas. El fotoperiodista Daniel Hernández, de El Estímulo, documentó el 26 de Junio la situación de ambos urbanismos de Misión Vivienda, hoy inhabitables. Incluso edificaciones de pocos pisos colapsaron ante el movimiento telúrico.

Sin peritajes no es posible atribuir una causa técnica concreta ni responsabilidades individuales. Pero tampoco es aceptable reducir lo ocurrido a una fatalidad. Cuando unas edificaciones resisten y otras colapsan, deben investigarse el diseño, los materiales, el control de calidad, la supervisión de obra y el mantenimiento posterior.

En un territorio cuya fragilidad era conocida, prevenir no era opcional: era una responsabilidad pública. Reconstruir después de una tragedia no puede significar únicamente levantar viviendas, sino construir, inspeccionar y mantener para proteger la vida.

Y sin más que añadir, cierro aquí la muy triste publicación de hoy.

Desde este espacio, envío mis más sinceras condolencias a las familias de las personas fallecidas, así como todo mi apoyo, cariño y solidaridad a quienes han resultado afectados por esta tragedia, a quienes han perdido sus hogares y a las comunidades que hoy enfrentan sus consecuencias.

Como siempre, muchas gracias por leerme. Hasta una próxima entrega.

La química del solsticio: cuando la luz reorganiza la Tierra.

“En la naturaleza nada se crea ni se destruye, todo se transforma.” – Antoine Lavoisier

Hoy, día 21, celebramos el Día del Sol y, en muchos países, también el Día del Padre. La fecha coincide con el solsticio de Junio, cuando las regiones situadas al norte del ecuador reciben más horas de luz, mientras que al sur ocurre lo contrario.

Es el día más largo del año en todo el hemisferio norte; en el hemisferio sur, en cambio, se vive la jornada más corta y comienza el invierno astronómico.

Durante el solsticio, la energía solar incide de forma especialmente intensa sobre distintas regiones del planeta. Aunque no lo percibamos a simple vista, este cambio influye en la atmósfera, los seres vivos y numerosos procesos químicos vinculados a la radiación solar.

A continuación, te cuento qué sucede a nivel químico en nuestra única nave espacial durante este momento tan significativo del año.

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48 selecciones, 48 cervezas: el mapa cervecero del Mundial 2026.

“El fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes.” – Arrigo Sacchi.

Justo la semana en la que ha arrancado el Mundial de Fútbol 2026, me llegó una imagen que me hizo detenerme unos segundos.

En ella aparecía un aficionado rodeado por decenas de cervezas procedentes de todos los rincones del planeta. Algunas eran fáciles de reconocer. Otras parecían imposibles de encontrar fuera de sus países de origen.

Pero lo más curioso no era la colección en sí, sino la historia que había detrás.

Aquel aficionado había conseguido reunir una cerveza representativa de cada una de las 48 selecciones participantes en el Mundial 2026, siguiendo una tradición muy particular que ha convertido en una de sus señas de identidad.

Y claro, la pregunta apareció sola: si el Mundial pudiera jugarse también en la barra de un bar, ¿qué cerveza representaría a cada país?

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8 secretos químicos que esconden los océanos…

«El mar, una vez que lanza su hechizo, mantiene para siempre a quien lo contempla en una red de asombro.» – Jacques Cousteau.

Hoy, 8 de Junio, se celebra el Día Mundial de los Océanos. Aunque cubren más del 70 % de la superficie terrestre y contienen aproximadamente el 97 % del agua presente en la Tierra, la mayoría de nosotros solo conocemos una pequeña parte de ellos.

Cuando observamos el mar solemos ver olas, playas o una enorme diversidad de vida marina. Pero bajo esa superficie se esconde uno de los sistemas más complejos y fascinantes de la Tierra.

Y muchas de las respuestas a sus misterios se encuentran en algo tan cotidiano como la química.

Hoy te cuento 8 curiosidades que explican de alguna manera lo especial que es esta, digamos, otra dimensión…

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Cuando el conocimiento se convierte en agua…

«No existen las ciencias aplicadas; solo existen las aplicaciones de la ciencia.»- Louis Pasteur.

Y de la amarga nota anterior pasamos a una muy esperanzadora.

Si antes hablábamos de recursos que abundan en la naturaleza pero que no siempre se traducen en bienestar para la gente, esta vez el protagonista es el conocimiento: una investigación científica que podría ayudar a afrontar uno de los grandes desafíos del siglo XXI.

Una de esas historias que recuerdan por qué la ciencia sigue siendo una de las mejores herramientas para construir futuro.

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De los rumores a los titulares: la química detrás de una historia incómoda.

«La Tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos.» – Mahatma Gandhi

Cerramos el mes de Mayo volviendo a poner el foco en Venezuela.

Como ya he comentado en otras ocasiones, conozco muy de cerca la realidad de ese país. Por eso, cuando leí una de las informaciones más comentadas de los últimos días, reconocí de inmediato algunos patrones familiares.

Mientras para parte de la opinión pública la noticia suponía una revelación, para otros era simplemente un capítulo más de una historia conocida.

A medida que avanzaba entre titulares, investigaciones judiciales y nombres propios, volvían a aparecer referencias difíciles de pasar por alto. Su presencia no siempre es evidente, pero resulta complicado ignorarlas cuando se conectan todas las piezas.

Y cuando eso ocurre, merece la pena detenerse un momento y mirar un poco más allá de la superficie.

Hoy vamos a hacerlo a través de algo que rara vez ocupa los titulares: la química que hay detrás de ellos.

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La nueva geopolítica de la tabla periódica: IA, Ucrania y los gases nobles.

«La ciencia de hoy es la tecnología del mañana.» – Edward Teller

En el artículo anterior vimos cómo el ébola, el chocolate y el coltán podían estar conectados por algo aparentemente invisible: las complejas cadenas químicas y materiales que sostienen el mundo moderno.

Con la inteligencia artificial ocurre algo parecido.

A simple vista, los sistemas de IA parecen depender únicamente de algoritmos, centros de datos y potencia de cálculo. Pero detrás de ellos existe una infraestructura mucho más frágil y desconocida de lo que imaginamos.

Una infraestructura donde intervienen materiales ultrapuros, sistemas láser capaces de trabajar a escala nanométrica y cadenas de suministro tan delicadas que un conflicto a miles de kilómetros puede alterar directamente la fabricación mundial de chips.

Y es aquí donde química, tecnología y geopolítica vuelven a cruzarse de una forma inesperada.

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Del chocolate al coltán: el ébola y las grietas del mundo moderno.

“Todo está conectado con todo lo demás.” – Barry Commoner

Hace poco hablábamos en el blog del hantavirus, una enfermedad que acaparó titulares y nos recordó hasta qué punto seguimos expuestos a brotes infecciosos capaces de generar preocupación a escala global.

Ahora el foco vuelve a situarse sobre el ébola, una enfermedad que reaparece periódicamente en África y que vuelve a poner en alerta a las organizaciones sanitarias internacionales.

Pero detrás del ébola no solo hay una crisis sanitaria. Los brotes se concentran en una de las regiones más complejas y estratégicas del planeta: el este de la República Democrática del Congo, donde coinciden selvas tropicales, explotación minera, recursos esenciales para la tecnología moderna y algunos de los ecosistemas más frágiles del mundo.

Ahí donde esta historia empieza a conectar con algo más que un virus.

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Tragedia en Maldivas: cuando la química del cuerpo se enfrenta al océano.

“El mar nunca ha sido amigo del hombre. Como mucho, ha sido cómplice de su inquietud.” – Joseph Conrad.

No cabe duda de que las Maldivas son uno de los destinos turísticos más espectaculares del mundo. Sus aguas turquesas, arrecifes coralinos y paisajes paradisíacos atraen cada año a muchísimos visitantes y amantes del océano de todo el mundo. Sin embargo, hace unos días, una expedición de buceo en uno de sus atolones más conocidos terminó convirtiéndose en una tragedia cuyas causas todavía continúan bajo investigación.

Cinco italianos desaparecieron durante una inmersión profunda en una zona de cuevas submarinas. Las condiciones meteorológicas no eran las mejores y la exploración superaba ampliamente los límites habituales del buceo recreativo.

Mientras las autoridades y especialistas intentan reconstruir lo ocurrido, varias hipótesis empiezan a apuntar no solo a las condiciones del entorno y a posibles errores durante la inmersión, sino también a procesos químicos capaces de alterar rápidamente el cuerpo humano bajo el agua.

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