Pepsi vs. Coca-Cola: la guerra por el oso polar en el Super Bowl.

“El marketing ya no se trata de los productos que haces, sino de las historias que cuentas.”- Seth Godin.

Hoy Viernes te cuento una de esas historias donde marketing, marcas y cultura pop se cruzan sin disimulo. Una de esas que no se explican solo con fórmulas o campañas, sino con símbolos.

La guerra de las sodas nunca terminó. Solo estaba en pausa. Y como toda buena rivalidad, necesitaba el escenario adecuado para volver a escena. Pepsi lo encontró en el Super Bowl y decidió no hacerlo con medias tintas: lanzó su nuevo anuncio y, de paso, se apropió del símbolo más reconocible de su rival, el icónico oso polar de Coca-Cola.

Pepsi le roba el oso polar a Coca Cola Super Bowl.

Sí, ese oso. El que lleva décadas asociado con Navidad, ternura y una Coca Cola bien fría. El mensaje no fue sutil, y tampoco pretendía serlo.

Un robo simbólico (y muy calculado)

Desde el punto de vista del marketing, el movimiento es brillante. No necesitas explicar quién es el oso ni por qué importa. El público ya lo sabe. Es uno de los activos de marca más reconocibles del mundo, y Pepsi lo usa como atajo emocional para generar conversación inmediata. Esto no es solo publicidad, es interrupción cultural.

El nuevo anuncio de Pepsi, «The Choice», presenta al emblemático oso polar probando a ciegas Pepsi y Coca-Cola, eligiendo finalmente Pepsi como su bebida preferida. Después acude a un terapeuta, interpretado por Taika Waititi, antes de darse cuenta de que la vida con Pepsi es mucho mejor.

Queda clarísimo que Pepsi no intenta competir en silencio ni hablar únicamente de sabor, burbujas o frescura. Decide provocar, tocar un símbolo ajeno y obligar tanto a Coca-Cola como al público a reaccionar. Y funcionó. Porque aquí estamos, hablando de ello.

La química es parecida; la historia no.

Si lo miramos desde el lado químico, la ironía es evidente. Pepsi y Coca-Cola son fórmulas muy similares: agua carbonatada, azúcar o edulcorantes, cafeína, ácidos, aromas. Pequeños ajustes en proporciones, procesos y percepción sensorial crean dos experiencias distintas… pero no radicalmente opuestas.

Por eso esta guerra nunca ha sido solo por el sabor. Siempre ha sido por el relato.

El oso polar no vende una molécula diferente. Vende una emoción. Y al “robarlo”, Pepsi está diciendo algo muy claro: las emociones también se pueden resignificar.

El Super Bowl como laboratorio cultural.

El Super Bowl sigue siendo el mayor laboratorio de marketing masivo del planeta. Aquí no se prueba si un anuncio es bonito; se prueba si una marca todavía tiene el pulso cultural para arriesgarse.

Pepsi eligió el camino provocador, no el seguro. Y en una época donde la atención es el recurso más escaso, eso pesa más que cualquier claim perfectamente pulido.

¿Y ahora qué?

Probablemente vendrá una respuesta. Coca-Cola rara vez deja pasar estos golpes sin devolverlos. Y para quienes seguimos el cruce entre bebidas, química y marketing, este tipo de movimientos son oro puro: símbolos, percepción, consumo y cultura chocando en tiempo real.

Al final, no se trata solo de quién vende más latas, sino de quién se queda con la historia que la gente recuerda.

Y esta vez, Pepsi decidió contarla robándose al oso.

Pepsi Coca Cola Super Bowl 2026

¿Y tú qué opinas? ¿Team Pepsi o team Coca-Cola?

Personalmente, no me caso con ninguna. Me interesa más el movimiento que la marca. ¿Se pasaron de la raya? No lo creo. En una guerra simbólica como esta, todo vale mientras se juegue en el terreno de las ideas y la cultura, no en el engaño. Pepsi no cambió el producto de nadie ni confundió al consumidor: robó un símbolo, lo resignificó y provocó conversación. Justo eso que el buen marketing busca.

¿Arriesgado? Sí.
¿Efectivo? También.
¿Incómodo para Coca-Cola? Sin duda.

Pero así funcionan las grandes rivalidades: empujándose a ir un poco más lejos cada vez.

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Sin más que añadir, gracias por estar del otro lado, y… ¡hasta la próxima!

 

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