No sabe igual: la química oculta detrás de una bebida según el país.

«El sabor es una construcción, no una propiedad fija del alimento.» – Harold McGee

¿Te ha pasado alguna vez que pruebas una bebida en otro país y piensas: “esto no sabe igual”? No es solo una impresión. En muchos casos, no estás bebiendo exactamente el mismo producto, aunque la etiqueta y la marca sean idénticas.

En el post anterior hablábamos de la química detrás del helado y de cómo cambios aparentemente pequeños en la formulación pueden alterar mucho la experiencia. Con las bebidas ocurre algo parecido. Detrás de una marca global hay decisiones muy concretas: qué tipo de dulzor se usa, cuánto, cómo se equilibra la acidez y qué agua entra en la receta.

Conviene aclarar que aquí no hablamos de cómo cambian los sabores por la altura, la presión o el ambiente, de eso ya hablamos en otro artículo, sino de diferencias reales en la formulación química del producto. Con esa idea en mente, vale la pena empezar por un ejemplo muy conocido y ampliar luego la mirada.

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Pepsi vs. Coca-Cola: la guerra por el oso polar en el Super Bowl.

“El marketing ya no se trata de los productos que haces, sino de las historias que cuentas.”- Seth Godin.

Hoy Viernes te cuento una de esas historias donde marketing, marcas y cultura pop se cruzan sin disimulo. Una de esas que no se explican solo con fórmulas o campañas, sino con símbolos.

La guerra de las sodas nunca terminó. Solo estaba en pausa. Y como toda buena rivalidad, necesitaba el escenario adecuado para volver a escena. Pepsi lo encontró en el Super Bowl y decidió no hacerlo con medias tintas: lanzó su nuevo anuncio y, de paso, se apropió del símbolo más reconocible de su rival, el icónico oso polar de Coca-Cola.

Pepsi le roba el oso polar a Coca Cola Super Bowl.

Sí, ese oso. El que lleva décadas asociado con Navidad, ternura y una Coca Cola bien fría. El mensaje no fue sutil, y tampoco pretendía serlo.

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Brindis, luces y resaca: La ciencia real detrás del Año Nuevo.

“La ciencia es la poesía de la realidad.” – Richard Dawkins.

No cabe duda que el Año Nuevo se vive como un ritual colectivo: celebraciones, brindis, luces, comilonas, emociones intensas y un ambiente cargado de simbolismo. Pero detrás de lo que experimentamos y sentimos hay una serie de procesos químicos que explican por qué la noche del 31 de Diciembre es tan especial… y por qué el 1 de Enero suele sentirse tan pesado.

Sin más preámbulos, a continuación te cuento qué ocurre realmente en tu cuerpo y en el ambiente cuando despedimos un año y damos la bienvenida al siguiente.

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