«El sabor es una construcción, no una propiedad fija del alimento.» – Harold McGee
¿Te ha pasado alguna vez que pruebas una bebida en otro país y piensas: “esto no sabe igual”? No es solo una impresión. En muchos casos, no estás bebiendo exactamente el mismo producto, aunque la etiqueta y la marca sean idénticas.
En el post anterior hablábamos de la química detrás del helado y de cómo cambios aparentemente pequeños en la formulación pueden alterar mucho la experiencia. Con las bebidas ocurre algo parecido. Detrás de una marca global hay decisiones muy concretas: qué tipo de dulzor se usa, cuánto, cómo se equilibra la acidez y qué agua entra en la receta.
Conviene aclarar que aquí no hablamos de cómo cambian los sabores por la altura, la presión o el ambiente, de eso ya hablamos en otro artículo, sino de diferencias reales en la formulación química del producto. Con esa idea en mente, vale la pena empezar por un ejemplo muy conocido y ampliar luego la mirada.


