God bless Tom Cruise: espionaje, ciencia y amenazas que no son tan ficticias.

“La liberación del poder del átomo lo ha cambiado todo, excepto nuestra manera de pensar.”- Albert Einstein.

En uno de esos vuelos en los que el trayecto se siente eterno, me fui a lo seguro cuando no quiero pensar demasiado y elegí película por actor. Y si hay un nombre que nunca falla en ese ejercicio es Tom Cruise. Me puede gustar más o menos la historia, pero siempre logra mantenerme pegada a la pantalla.

Revisando el catálogo vi que había varias de Mission: Impossible. Como el viaje daba margen, pensé que era la excusa perfecta para disfrutar varias. Entre ellas estaba mi favorita de la saga, y aproveché para volver a verla después de bastante tiempo.

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Al retomarla, recordé por qué me gusta tanto. La tensión no da respiro, las escenas están milimétricamente construidas y todo avanza con una sensación constante de urgencia. Y en medio de esa adrenalina hay un detalle que me resulta interesante: la amenaza no es una tecnología futurista, sino algo mucho más concreto. Algo pequeño. Transportable. Codiciado. Un objeto que pasa de mano en mano mientras el mundo se acerca al desastre.

Y ahí está parte del encanto del cine de espionaje: la capacidad de concentrar el riesgo global en algo aparentemente simple, en un elemento tangible que cabe dentro de un maletín y sobre el que gira toda la historia. La pregunta es inevitable: ¿podría algo así ser realmente tan determinante fuera de la pantalla?

A continuación veremos hasta qué punto la química respalda ese escenario. Sigue leyendo