Este año se prevé dar la bienvenida a otro producto fruto de la ingeniería al servicio del consumidor. Se trata de unas estanterías con sensores para analizar a los consumidores, que determinarían edad y sexo utilizando la tecnología de reconocimiento facial.
Y es que si nos ponemos a ver, las estanterías no son solo un simple punto de venta. Constituyen el lugar que registra nuestras reacciones quizás más espontáneas, esas reacciones que pueden dar indicios de qué producto nos agrada, cual no y/0 cual acabaremos comprando.
Mondelez Internacional será la encargada de introducir dichas estanterías. Para el análisis facial se utilizaría un controlador Kinect de Microsoft, que reconoce objetos, imágenes, gestos, comandos de voz y que actualmente se puede encontrar en las consolas Xbox 360. Determinadas características de este controlador serían usadas para construir perfiles de usuarios que se almacenarían en una base de datos, con la finalidad de poder obtener información para desarrollar nuevos productos específicos para cada tipo de consumidor.
¿Resultado? Un análisis más profundo de los consumidores, que permitirá construir el perfil de un cliente potencial en la compra de snacks, galletas o cualquier producto que comercialice la compañía, pudiéndose así incrementar el potencial de venta. ¿Y que hay de la privacidad? En cuanto a la privacidad, esta no estaría en entredicho, ya que no se almacenarían las imágenes obtenidas.
Estas estanterías guardan mucha relación con sistemas de reconocimiento facial como Neoface, que trabaja con cámaras de vídeo analizando cada cara para realizar un seguimiento de los movimientos de los consumidores. Este sistema puede identificar a las personas por su edad, género y frecuencia con la que visitan un establecimiento, dando lugar así a una gran base de datos para conocer las preferencias de consumo particulares y pautas de comportamiento, como por ejemplo, la de leer los carteles de ofertas o las etiquetas de los productos.
Toda la estrategia estaría dirigida a canalizar los productos hacia los consumidores más adecuados y convencer a los indecisos para que realicen compras espontáneas (aquellas en las que los consumidores se dejan llevar por los impulsos). Si nos vamos más allá, podríamos tener sistemas que fueran capaces de reconocer lo que se comenta durante la compra (comentarios de suma utilidad estilo «me gustaría más X o Y sabor» o «este empaque no me gusta, es muy grande» y un largo etcétera), y se podría poner en marcha automáticamente un sistema de publicidad que captara la atención de estos consumidores. Aunque esto último suene a ciencia ficción, lo cierto es que estas estanterías, tal y como se espera que sean, podrán aportar información muy valiosa, tanto para el mundo de la innovación como para la satisfacción del consumidor.
Para cerrar y volviendo un poco al mundo de la ciencia ficción… ¿Os gusta el cine? ¿Conoceis la película Minority Report? Todo parece apuntar hacia ese escenario planteado en dicha película: una publicidad a la medida de cada consumidor. ¿Os lo podéis imaginar? ¿Os gustaría? Sin más que agregar, os dejo un fragmento del film en cuestión y dejo la última y quizás más inquietante pregunta de todas: ¿Superará una vez más la realidad a la ficción?


