Del petróleo al pistacho: el fenómeno del chocolate de Dubái.

«El chocolate es felicidad que puedes comer.”- Joanne Harris.

Hoy Viernes vamos a hablar de un tema mucho más ligero. Aunque, en realidad, no está del todo desconectado de lo que hemos comentado estos días.

Después de analizar en el blog la escalada en Oriente Medio, el impacto en el precio del petróleo y el papel que distintos países desempeñan en el tablero energético internacional, vale la pena detenerse en algo distinto: el famoso chocolate de Dubái.

A primera vista puede parecer un cambio de tema curioso. Sin embargo, Dubái es precisamente uno de esos lugares donde comercio global, turismo, lujo y gastronomía conviven de forma constante.

Además, los acontecimientos recientes en la región, que incluso llegaron a afectar temporalmente la actividad del aeropuerto de Dubái, recuerdan hasta qué punto los grandes centros turísticos están conectados con dinámicas internacionales mucho más amplias.

Pero centrémonos ahora en el protagonista de esta historia: el chocolate.

De una chocolatería local a fenómeno viral.

El llamado Dubai chocolate nació en Fix Dessert Chocolatier, una pequeña chocolatería fundada en la ciudad por Sarah Hamouda. La idea era sencilla pero efectiva: reinterpretar sabores tradicionales de la repostería de Oriente Medio en un formato más contemporáneo.

La tableta que terminó haciéndose famosa combina tres elementos muy reconocibles:

  • chocolate con leche
  • crema de pistacho
  • una capa crujiente inspirada en el kataifi

El kataifi es una masa extremadamente fina que se utiliza en dulces tradicionales de la región, como el knafeh o algunas variantes de baklava.

Cuando se parte la tableta aparece un relleno verde intenso de pistacho, con una textura que mezcla cremosidad y crujido. Ese contraste visual fue uno de los factores clave de su éxito.

A partir de 2024, comenzaron a circular en TikTok e Instagram videos en los que se rompía la tableta mostrando su interior. El formato funcionaba muy bien en video corto y, en poco tiempo, el producto empezó a aparecer en cafeterías y tiendas gourmet fuera de Dubái.

Cómo se elabora y qué ocurre químicamente.

La receta no es especialmente complicada, pero sí resulta interesante desde el punto de vista gastronómico e incluso químico.

Todo comienza con la capa exterior de chocolate. Para lograr la textura adecuada, el chocolate debe templarse, un proceso en el que se controlan cuidadosamente las temperaturas para que la manteca de cacao cristalice en su forma más estable. Cuando esto se hace correctamente, el chocolate adquiere brillo, una textura firme y ese sonido limpio al partir la tableta que muchos reconocen de inmediato. Si el templado no se realiza bien, el chocolate pierde brillo, se vuelve opaco y su textura cambia.

Proceso de temperado y los cristales formados a distintas temperaturas.

Una vez preparada la cobertura, se elabora el relleno. Aquí aparece una de las claves del famoso chocolate de Dubái: la mezcla de crema de pistacho con chocolate fundido y kataifi tostado. El kataifi, una masa extremadamente fina utilizada en muchos postres de Oriente Medio, se hornea previamente para eliminar humedad y conseguir una textura crujiente.

Durante ese tostado ocurre además un proceso químico muy conocido en gastronomía: la reacción de Maillard. Se trata de una serie de reacciones entre azúcares y aminoácidos que generan los aromas característicos de los alimentos horneados o tostados. Es el mismo fenómeno que explica el olor del pan recién hecho, del café tostado o de la corteza dorada de muchos alimentos.

El resultado final es una combinación sensorial muy eficaz. El chocolate aporta suavidad, el pistacho añade un sabor intenso y el kataifi tostado introduce un crujido que contrasta con la cremosidad del relleno. Una combinación simple, pero sorprendentemente efectiva.

Un dulce diseñado para circular por redes.

A día de hoy, el chocolate de Dubái ya forma parte de una tendencia más amplia. Muchos productos alimentarios alcanzan popularidad gracias a su impacto visual en redes sociales. Pastelerías en ciudades como Londres, Madrid o Nueva York han empezado a producir versiones inspiradas en la receta original.

En Dubái, además, esta tableta se ha convertido en uno de los souvenirs gastronómicos más buscados por turistas, junto con los dátiles premium.

El fenómeno también encaja con la lógica de la ciudad. Al fin y al cabo, durante las últimas décadas Dubái se ha consolidado como uno de los grandes hubs globales donde comercio, turismo y consumo internacional se entrelazan.

Cuando un simple chocolate explica cómo funciona el mundo.

La historia del chocolate de Dubái resume bastante bien cómo circulan hoy muchos productos.

Todo empieza con una idea en una chocolatería local. Después llegan las redes sociales. Luego el turismo internacional. Y, en cuestión de meses, el producto termina replicándose en distintas partes del mundo.

Tenemos así un ejemplo claro de cómo algo tan simple como una tableta de chocolate puede ayudarnos a entender mejor cómo funcionan hoy los mercados, el marketing y la globalización.

Y hasta aquí este dulce post de viernes, como siempre, gracias por estar del otro lado, y… ¡Hasta la próxima!

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