¿Qué hay de real en Proyecto Hail Mary? La ciencia detrás de la película.

 «La imaginación a menudo nos llevará a mundos que nunca existieron. Pero sin ella no vamos a ninguna parte.» – Carl Sagan.

Hace unos días hablábamos por aquí de petróleo, tensiones geopolíticas y mercados energéticos. Hoy nos vamos al mundo del cine.

Y lo hacemos con Proyecto Hail Mary, la adaptación de la novela de Andy Weir, una película que está teniendo una gran repercusión y que, además, conecta mucho más con el tema de la energía de lo que parece. El propio título ya apunta en esa dirección: “Hail Mary” hace referencia a ese último intento desesperado, cuando ya no queda margen de error.

A mí, personalmente, me encantó… y por eso tenía ganas de traerla al blog. Como ya sabes si llevas tiempo por aquí, en este espacio también nos gusta salirnos de vez en cuando del guion, explorar otros temas y mirarlos siempre desde el prisma de la química.

Evidentemente, en un post como este no se puede cubrir todo lo que desarrolla la novela, ni tampoco todo lo que se rodó para la película. De hecho, el primer montaje llegó a durar cerca de cuatro horas antes de ser recortado para su estreno. Eso ya da una idea de la cantidad de detalles y matices que inevitablemente se quedan fuera.

Y es que la intención aquí no es tanto replicar la historia al completo, sino analizar algunos de sus conceptos clave.

Porque, más allá de la trama, todo gira en torno a algo inquietante: ¿qué pasaría si nuestra principal fuente de energía empezara a fallar?

Y, sobre todo, ¿hasta qué punto lo que plantea la película es realmente posible?

Eso sí, si aún no la has visto y tienes intención de hacerlo, mejor guarda este post para después, porque hay spoilers.

Sin más preámbulos, te cuento qué hay de cierto en lo que presenta esta joya cinematográfica.

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