Archive 81: cuando la ficción se apoya en la química.

“Lo importante es no dejar de hacerse preguntas.”- Albert Einstein.

Estos días he estado viendo una serie que me ha parecido bastante interesante. No solo por la historia, sino por ciertos detalles que, cuando se miran con un poco de curiosidad, te hacen parar y pensar: aquí hay algo más.

Hace exactamente una semana hablábamos en el blog de tres nombres muy conocidos relacionados con el mundo del helado, todos ellos con algo en común: su origen en 1981. Un dato curioso, casi anecdótico. Lo que no esperaba era volver a encontrarme ese mismo número, el 81, en un contexto completamente distinto y bastante particular.

Para mí fue una señal clara de que tenía que escribir al respecto. Así que aquí estamos.

En esta ocasión, el 81 no aparece como una fecha, sino como parte de un archivo concreto, numerado dentro de una colección mucho mayor. Y ahí fue cuando la coincidencia dejó de parecer casual. Porque ese archivo no es solo un recurso narrativo: tiene implicaciones que conectan directamente con la química, y con la forma en que ciertos conceptos científicos se cuelan en la ficción para construir tensión y malestar.

Así que hoy viernes nos vamos a permitir un pequeño desvío del laboratorio al mundo de las series. Muchas veces el terror psicológico funciona precisamente porque se apoya en ideas reales, aunque luego se lleven a terrenos extremos.

Aviso antes de seguir: en este post hay algo de spoiler, así que si aún no has visto la serie y prefieres hacerlo sin pistas previas, quizá quieras dejar la lectura para más adelante.

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No sabe igual: la química oculta detrás de una bebida según el país.

«El sabor es una construcción, no una propiedad fija del alimento.» – Harold McGee

¿Te ha pasado alguna vez que pruebas una bebida en otro país y piensas: “esto no sabe igual”? No es solo una impresión. En muchos casos, no estás bebiendo exactamente el mismo producto, aunque la etiqueta y la marca sean idénticas.

En el post anterior hablábamos de la química detrás del helado y de cómo cambios aparentemente pequeños en la formulación pueden alterar mucho la experiencia. Con las bebidas ocurre algo parecido. Detrás de una marca global hay decisiones muy concretas: qué tipo de dulzor se usa, cuánto, cómo se equilibra la acidez y qué agua entra en la receta.

Conviene aclarar que aquí no hablamos de cómo cambian los sabores por la altura, la presión o el ambiente, de eso ya hablamos en otro artículo, sino de diferencias reales en la formulación química del producto. Con esa idea en mente, vale la pena empezar por un ejemplo muy conocido y ampliar luego la mirada.

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