“The world economy runs on oil.” – Daniel Yergin.
El pasado 3 de Marzo analizábamos cómo el petróleo volvía a cruzarse con la geopolítica, con Estados Unidos, Irán y Venezuela en el centro del tablero. Un mes después, ese escenario ha cambiado de naturaleza. Ya no es una hipótesis. Es una crisis en tiempo real.
Hoy, 7 de Abril de 2026, el mercado energético global está en vilo. No por falta de datos, sino porque todo depende de una decisión inminente. El ultimátum de Estados Unidos a Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz expira hoy, y su desenlace puede alterar el flujo de millones de barriles diarios. Mientras todas las miradas apuntan a ese estrecho, surge una pregunta clave: si ese flujo se interrumpe, ¿quién puede compensarlo, aunque sea parcialmente?
Ormuz, precios y efectos inmediatos.
El problema es estructural. Por el Estrecho de Ormuz circulan unos 20 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del consumo mundial. Y lo más importante, no hay alternativa inmediata capaz de sustituir ese flujo.
El mercado ya lo está reflejando. El Brent, referencia internacional del petróleo porque refleja el precio del crudo que se comercializa en Europa, Asia y gran parte del comercio marítimo global, se mueve en torno a 110-115 dólares por barril, con el WTI en niveles similares, según . Estos precios no responden solo a nerviosismo. Incorporan una prima de riesgo por interrupción real del suministro.
Ese impacto empieza a trasladarse más allá del crudo. El queroseno, directamente ligado al refino, se ha encarecido con fuerza en pocas semanas, reflejando tensiones en la disponibilidad de derivados.
En Asia, varias aerolíneas han comenzado a ajustar rutas, reducir frecuencias e incluso cancelar vuelos. En economías altamente dependientes de importaciones energéticas, como Japón, Corea del Sur o India, ya se percibe una presión creciente sobre el suministro de combustible. No es todavía una crisis total, pero sí una señal temprana.

El encarecimiento del queroseno empieza a afectar a la aviación, obligando a aerolíneas a ajustar rutas, frecuencias e incluso cancelar vuelos.
Venezuela en el nuevo equilibrio.
Aquí es donde encaja Venezuela.
No porque haya cambiado de forma radical, sino porque el contexto sí lo ha hecho. Cuando el Golfo Pérsico se vuelve inestable, cualquier barril fuera de esa zona gana valor inmediato.
Venezuela tiene las mayores reservas probadas del mundo, según datos de la OPEP, y produce actualmente en torno a 900.000 a 1 millón de barriles diarios, con los últimos datos consolidados situándose en Febrero de 2026 en torno a ese rango. No puede sustituir a Ormuz, pero sí influir en un mercado tensionado.
Además, hay un factor técnico clave: la química del crudo. El petróleo venezolano es pesado y con alto contenido en azufre, lo que lo hace especialmente útil para refinerías complejas, sobre todo en Estados Unidos. Como señalan análisis de mercado energético como los de Rystad, no todos los barriles son intercambiables.
A esto se suma la geografía. Está fuera del área directa de conflicto y relativamente cerca de uno de los mayores centros de refinación del mundo. En un entorno de incertidumbre, esa combinación pesa.
Por eso ya se observan movimientos. Estados Unidos ha flexibilizado parcialmente el acceso a crudo venezolano, y el mercado empieza a buscar alternativas fuera del Golfo para reducir riesgo.
Qué puede pasar ahora.
Ahora mismo, todo depende de lo que ocurra tras el ultimátum de hoy.
Si hay desescalada, el mercado seguirá tensionado, pero dentro de cierto control. Si la crisis se prolonga, los precios se mantendrán elevados y actores como Venezuela irán ganando peso de forma gradual. Y si la situación escala, el problema dejará de ser solo el precio para convertirse en una cuestión de disponibilidad real de combustible, algo que el mercado ya empieza a descontar con el Brent moviéndose en torno a los 110 dólares.

El petróleo roza los 115 dólares por barril el 7 de Abril de 2026, reflejando la tensión en Ormuz y la incertidumbre tras el ultimátum a Irán.
La pregunta que sobrevuela todo el análisis sigue siendo la misma: ¿quién puede sustituir ese flujo si Ormuz se bloquea? La respuesta, en el fondo, es incómoda. Hoy por hoy, nadie puede hacerlo por completo. Pero en un mercado tan ajustado, incluso aportaciones parciales empiezan a marcar la diferencia.
Lo que estamos viendo no es completamente nuevo, pero sí más evidente que nunca. El sistema energético global sigue dependiendo de unos pocos puntos críticos y de una materia prima que no tiene sustituto claro hoy por hoy.
Venezuela, en realidad, es la misma que hace un mes. Lo que ha cambiado es el entorno. Y en ese nuevo escenario, su papel gana peso casi sin hacer ruido, pero con efectos cada vez más visibles.
Hoy, el equilibrio energético mundial no se redefine poco a poco. Se mueve en tiempo real. Y eso, en un sistema tan ajustado, rara vez es una buena señal.
Y para cerrar, te dejo la pregunta a ti que me lees: ¿cómo ves la situación?
Como siempre, gracias por leerme, y… ¡hasta la próxima!
