«No existen las ciencias aplicadas; solo existen las aplicaciones de la ciencia.»- Louis Pasteur.
Y de la amarga nota anterior pasamos a una muy esperanzadora.
Si antes hablábamos de recursos que abundan en la naturaleza pero que no siempre se traducen en bienestar para la gente, esta vez el protagonista es el conocimiento: una investigación científica que podría ayudar a afrontar uno de los grandes desafíos del siglo XXI.
Una de esas historias que recuerdan por qué la ciencia sigue siendo una de las mejores herramientas para construir futuro.
Detrás de todo esto se encuentra Omar Yaghi, uno de los ganadores del Premio Nobel de Química 2025, galardón que compartió con Susumu Kitagawa y Richard Robson por el desarrollo de los llamados MOFs (Metal-Organic Frameworks o estructuras metalorgánicas).
Aunque el nombre pueda parecer complejo, estos materiales suelen describirse como auténticas «esponjas moleculares». Gracias a su extraordinaria porosidad, son capaces de capturar y retener moléculas de forma selectiva, una propiedad que ha abierto nuevas posibilidades en áreas tan diversas como el almacenamiento de gases, la captura de dióxido de carbono y el aprovechamiento de la humedad atmosférica.
Pero el impacto de esta investigación va mucho más allá del laboratorio.
A través de Atoco, la empresa fundada por Yaghi para desarrollar aplicaciones basadas en esta tecnología, se han impulsado sistemas capaces de captar agua directamente del aire utilizando energía solar. Según la información difundida por la compañía, algunas de las instalaciones de mayor escala que se encuentran en desarrollo podrían alcanzar producciones cercanas a los 1.000 litros diarios, dependiendo de las condiciones ambientales y de la configuración del sistema.
Lo más interesante es que todo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿es posible diseñar materiales capaces de interactuar con determinadas moléculas de forma controlada? Lo que vino después abrió nuevas posibilidades para aprovechar un recurso tan abundante y, al mismo tiempo, tan desaprovechado como la humedad presente en el aire.

¿Cómo funciona esta tecnología?
Aunque a simple vista parezca imposible, el aire contiene una enorme cantidad de agua en forma de vapor. Según la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), la atmósfera participa activamente en el ciclo hidrológico y almacena continuamente grandes cantidades de agua en estado gaseoso.
El sistema desarrollado a partir de los MOFs aprovecha esa humedad atmosférica. Cuando el aire entra en contacto con el material, las moléculas de agua quedan retenidas en su estructura mediante un fenómeno conocido como adsorción.
Una vez capturada suficiente humedad, la energía solar calienta el sistema y libera el agua retenida en forma de vapor. Posteriormente, este se enfría y se condensa, obteniéndose agua líquida lista para su aprovechamiento.
El principio fue demostrado por el equipo de Yaghi en un estudio publicado en Science en 2017, donde lograron recolectar agua atmosférica utilizando únicamente luz solar y materiales diseñados para funcionar en condiciones áridas.
Cuatro ideas clave para entender este avance.
1. Una letra puede cambiarlo todo: adsorción no es absorción
Los MOFs utilizados por Omar Yaghi funcionan mediante adsorción, un fenómeno en el que las moléculas quedan retenidas sobre la superficie del material. La absorción, en cambio, ocurre cuando esas moléculas penetran en el interior de una sustancia. Aunque ambos procesos implican la incorporación de materia, no describen el mismo fenómeno y suelen confundirse porque solo los diferencia una letra.
2. La tecnología no crea agua de la nada
Aunque algunos titulares puedan dar esa impresión, el sistema no genera agua. Lo que hace es capturar el vapor de agua que ya está presente en la atmósfera y transformarlo en agua líquida mediante condensación. En realidad, aprovecha una fuente que ya existe en forma de vapor.
3. Agua potable no significa agua pura
En química, el agua pura está formada exclusivamente por moléculas de H₂O. La finalidad de esta tecnología es obtener agua potable, es decir, agua apta para el consumo humano. Aunque muchas personas utilizan ambos términos indistintamente, agua potable y agua pura no son exactamente lo mismo.
4. La escasez de agua no significa que el planeta se esté quedando sin agua.
La Tierra posee enormes cantidades de agua. El problema es que gran parte de ella es salada o no resulta fácilmente accesible para el consumo humano. Por eso, tecnologías capaces de aprovechar la humedad atmosférica podrían complementar las fuentes tradicionales de abastecimiento en determinadas regiones y condiciones.
Más allá de la química.

El acceso al agua potable es uno de los grandes desafíos del siglo XXI.
Según las Naciones Unidas, más de 2.000 millones de personas carecen de acceso seguro al agua potable, una situación que se ve agravada por el crecimiento demográfico y la presión cada vez mayor sobre los recursos hídricos.
En este contexto, una tecnología capaz de aprovechar la humedad atmosférica utilizando energía solar representa mucho más que un avance científico. Podría convertirse en una alternativa complementaria para comunidades que dependen de fuentes de agua escasas, contaminadas o cada vez más vulnerables a las sequías.
Los potenciales beneficiarios son numerosos:
- Comunidades rurales aisladas
- Regiones desérticas y semiáridas
- Poblaciones afectadas por sequías prolongadas
- Zonas impactadas por desastres naturales
Además, estos sistemas podrían ofrecer una ventaja importante: funcionar con una infraestructura relativamente sencilla en comparación con otras soluciones de abastecimiento hídrico de gran escala.
Más allá de sus aplicaciones prácticas, quizá la enseñanza más valiosa de este avance no tenga que ver únicamente con el agua. Su verdadera relevancia también reside en el camino que lo hizo posible. Todo comenzó con el estudio de materiales a escala molecular y terminó abriendo nuevas posibilidades para afrontar uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.
Y ahí es donde esta publicación conecta con la anterior.
Si antes hablábamos de recursos como el petróleo, el oro y el níquel, cuya abundancia no siempre se traduce en prosperidad, esta historia nos invita a mirar en otra dirección. Porque existe una forma de riqueza que no se encuentra bajo el suelo ni se transporta en buques: la capacidad humana de descubrir, comprender y crear.
Sin más que añadir, hasta aquí la muy esperanzadora publi de hoy, como siempre, muchas gracias por leerme, y… ¡Hasta la próxima!
