La química de los rescates: lo que no se ve también importa…

«La ciencia y la vida cotidiana no pueden ni deben separarse.» – Rosalind Franklin.

Las dos últimas publicaciones de este blog han estado dedicadas a Venezuela. Y, de alguna manera, seguimos con la mente y el corazón allí.

Hoy quiero hablarles de la química que también atraviesa estos días: la que está presente detrás de las imágenes de rescate, en el trabajo de los equipos de búsqueda y en los materiales que permanecen después de una emergencia.

También hay preguntas importantes sobre el destino de esos restos y sobre lo que puede ocurrir cuando llegan a espacios tan sensibles como el mar.

Porque comprender estos procesos también es una forma de mirar la emergencia con más cuidado y responsabilidad. A continuación, exploramos la química presente en los rescates y los posibles efectos ambientales de los escombros.

Los perros que detectan lo invisible

En los primeros días tras los sismos del 24 de Junio de 2026, la respuesta internacional reunió a rescatistas procedentes de alrededor de 27 países: cerca de 40 equipos de búsqueda y rescate urbano, más de 2.000 especialistas y más de 160 perros entrenados. Junto a los equipos venezolanos, llegaron personas y recursos desde distintas partes del mundo para acompañar una tarea tan difícil como necesaria.

En medio de ese esfuerzo colectivo, los perros rescatistas han ocupado un lugar especial. Cada uno trabaja junto a su guía como parte de un binomio canino, un equipo formado por perro y rescatista. Sus señales ayudan a orientar a quienes estabilizan estructuras, revisan cavidades y organizan la atención médica.

Entre ellos ha destacado Tsunami, uno de los perros que más hemos visto en imágenes y publicaciones durante estos días. Es un border collie venezolano de nueve años, entrenado para localizar personas bajo estructuras colapsadas.

Su historia añade una dimensión profundamente humana. Tsunami fue rescatado de una situación de abandono y maltrato cuando era cachorro. Más adelante comenzó a entrenar junto a Jorge Beens, rescatista venezolano y fundador de K – SAR ECID, quien se convirtió en su guía y compañero de binomio. Con los años, ambos han construido una relación basada en entrenamiento, confianza y disciplina.

Detrás de una imagen que se vuelve viral hay años de preparación y una capacidad extraordinaria para detectar señales que, para nosotros, pasan completamente desapercibidas.

Y esa escena de un perro desplazándose entre polvo, concreto y silencio nos lleva a una pregunta clave:

¿Qué detecta exactamente un perro entrenado en medio de un escenario tan complejo?

Antes de responder a esa pregunta, quiero detenerme en esta imagen de Tsunami junto a Jorge Beens. Hay algo en sus rostros que dice mucho de estos días: el cansancio, la concentración y el peso emocional de una labor que exige cuerpo, entrenamiento y corazón.

Una pluma de olor humano.

Un perro rescatista no detecta una molécula única ni una sustancia aislada llamada “olor humano”. Reconoce una pluma de olor: una mezcla cambiante de compuestos orgánicos volátiles, partículas microscópicas de piel y aerosoles que una persona libera a través de la respiración, el sudor y la piel.

Se habla de “pluma” por analogía con una pluma de humo. Esa señal química viaja con el aire y puede cambiar de dirección, dividirse o concentrarse según las grietas, la ventilación, la humedad, la temperatura y la disposición de los escombros.

Entre las muchísimas moléculas que pueden formar parte de esa mezcla se encuentran:

  • Acetona: C₃H₆O
  • Isopreno: C₅H₈
  • Ácido acético: CH₃COOH

El aire exhalado también contiene dióxido de carbono, CO₂, pero ninguna molécula aislada explica el marcaje. El perro reconoce un patrón completo, aprendido durante su entrenamiento.

Por eso puede señalar una grieta o una abertura que no coincide exactamente con el lugar donde se encuentra la persona: está indicando el punto por el que la pluma de olor llega hasta él.

Bajo los escombros también hay química.

Los escombros de una edificación no forman una mezcla uniforme. Pueden contener concreto, mortero, arena, yeso, cerámica, vidrio, madera, metales, plásticos y pinturas.

El concreto se produce a partir de cemento, agua y agregados minerales, como arena y grava. Durante la hidratación del cemento se forman productos que le dan resistencia al material. Una representación simplificada de una de esas reacciones es:

El primer producto representa una forma simplificada del silicato de calcio hidratado, conocido como C-S-H, responsable de gran parte de la resistencia del concreto. El segundo es el hidróxido de calcio, Ca(OH)₂.

Cuando este último entra en contacto con agua, puede liberar iones hidróxido:

Los iones OH⁻ explican la alta alcalinidad de los materiales cementicios húmedos. Esa alcalinidad puede irritar la piel y causar lesiones oculares.

Otro compuesto relevante es la sílice cristalina, SiO₂, presente en arena, piedra, mortero y concreto. Cuando estos materiales se rompen o pulverizan, pueden generar partículas respirables muy pequeñas. Por eso, controlar el polvo y usar protección respiratoria, ocular y dérmica forma parte de la seguridad de quienes trabajan entre los escombros.

Cuando liberar también exige cuidado.

En algunos rescates, la química ayuda a entender por qué la extracción necesita coordinación médica.

Cuando una persona ha permanecido atrapada durante horas, la presión puede reducir el flujo de sangre hacia una extremidad. El músculo recibe poco oxígeno, sus células se lesionan y acumulan sustancias en su interior. Al retirar el peso y restablecerse la circulación, esas sustancias pueden pasar rápidamente a la sangre.

Este cuadro se conoce como síndrome de aplastamiento o crush syndrome. Se diferencia de la enfermedad por descompresión propia del buceo.

Entre las sustancias más importantes están:

  • Potasio, K⁺, cuyo aumento brusco puede alterar el ritmo cardíaco.
  • Mioglobina, una proteína muscular que, en grandes cantidades, puede contribuir al daño renal.
  • Lactato, C₃H₅O₃⁻, asociado al metabolismo con poco oxígeno y a la acidez metabólica.

De forma muy sencilla:

Mientras parte del equipo estabiliza la estructura y retira los materiales, el personal sanitario se prepara para vigilar el corazón, los electrolitos y la función renal. Y es que liberar a una persona implica mucho más que retirar el peso que la mantiene atrapada: también requiere anticipar los cambios que esa presión ha provocado dentro de su organismo.

Para cerrar este punto, dejo una infografía que resume el proceso de manera visual y sencilla. La idea central es esta: en un rescate, lo que ocurre dentro del cuerpo puede ser tan importante como lo que vemos desde fuera.

Cuando los escombros llegan al mar.

En los últimos días se han difundido denuncias sobre una posible disposición de escombros en el mar de La Guaira. La composición, el volumen y el alcance ambiental de esos materiales solo pueden establecerse mediante inspecciones, muestreos y análisis independientes.

Desde la química ambiental, esta posibilidad merece atención. Los escombros no son un material único: pueden contener concreto, mortero, cerámica, yeso, metales, plásticos, pinturas, cables, aceites u otros residuos adheridos. Por eso, su impacto depende de qué materiales llegan al agua, en qué cantidad y en qué condiciones se encuentran.

Como vimos antes, los materiales cementicios pueden liberar iones hidróxido, OH⁻. Si esto ocurre en el agua, el pH puede aumentar de forma localizada, especialmente cuando se trata de partículas finas, morteros recientes o restos con cemento sin hidratar.

El agua de lavado de concreto puede alcanzar un pH cercano a 12. Ese dato corresponde a una mezcla con cemento fresco y partículas finas, por lo que no debe aplicarse automáticamente a cualquier bloque de concreto endurecido. Aun así, ilustra el potencial alcalino de ciertos residuos cementicios cuando entran en contacto con agua.

Parte del hidróxido de calcio puede reaccionar con dióxido de carbono:

Esta reacción, llamada carbonatación, forma carbonato de calcio, CaCO₃. Ocurre de manera gradual y no elimina por sí sola los posibles efectos físicos y ambientales de un vertido.

Además de los cambios de pH, las partículas finas pueden aumentar la turbidez del agua, reducir la entrada de luz y cubrir organismos que viven en el fondo marino. También es importante analizar si los escombros arrastran pinturas, metales, plásticos, aceites u otros materiales adheridos.

La urgencia de retirar escombros es real. Pero resolver una emergencia en tierra no debería trasladar el problema hacia el mar.

Después del rescate.

Entre los escombros, un perro puede detectar una señal que nadie más percibe. En el cuerpo de una persona atrapada, el daño muscular puede seguir actuando incluso cuando la presión desaparece. Y en el mar, un residuo aparentemente inerte puede modificar el agua y afectar un ecosistema.

Eso es, quizá, lo que la química aporta a una tragedia como esta: no sustituye la urgencia ni el dolor, pero permite comprender con mayor precisión aquello que no siempre vemos.

Rescatar también es comprender: cómo proteger a una persona, a quienes la buscan y al entorno que queda después.

Porque después del rescate, la responsabilidad continúa.

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